Por un lado estoy yo, por el otro anda un desconocido.
Alguien tendrá que cuidar de mi... algún día.
Todo ciclo se cierra, o al menos intento que suceda.
Sé quien soy, o al menos aparento saberlo. Sé quien eres... al menos quien aparentabas ser, quien eras... fuiste. Yo conocí a un alguien tan vasto, tan infinito, que lo desconozco...
A veces íbamos en el carro, con el viento elevándonos, e imaginaba nuestro futuro... se veía como el viento. Pero con este se voló.
A veces creí tocar a un androgeno llamado amor... pero solo podía mirarlo, amarlo, desearlo, soñarlo... mas no tenerlo.
Yo no lo dejaba de mirar, hasta que mis ojos se cansaron y se cerraron... creyeron estar viendo, pero estaban soñando. Se elevaron... como el viento... con el viento.
Hay instantes en los que el viento trae y lleva souvenires de nuestras vidas.
En el viento están nuestras vidas pasadas, nuestras almas, formando una danza sin inicio ni final; Una infinita danza horizontal a la que se le otorga el nombre de vida. Ellos danzan.
Nosotros, los de espíritu libre, miramos mientras flotamos en el viento, sin que esta danza llegue a tocarnos.
Somos observadores y sentimos el rechazo... la soledad, pero nos vemos juntos. Juntos en la soledad.
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